Saturday, March 10, 2012

RE –FLEXION URBANA




Reflexionaba, por el centro de un parque urbano
caminando, tratando de explicarme algunas situaciones que se me han hecho perennes en los últimos días “golpeando con la punta de sus pies los guijarros que se le atravesaban en su camino” diría Lao Tse, “pedaleando entre la niebla”, digo yo, hoy en la mañana fría. Mañana fría como todas las mañanas en los inicios de la primavera capitalina. La problemática reflexiva que me
ocupaba, giraba alrededor de la relación dialéctica presente entre “interés” y “prescindencia”, para lo cual proponía la tesis que dice “La carencia de interés en un sujeto objeto o acción esta determinada por lo prescindidle o imprescindible que sea lo ofertado”.
Cabía en la elucidación de la duda, un aserto que había quedado dando vueltas en mi mente ya por varios días, el cual estaba contenido en una frase que cada vez se viene haciendo más pertinente a mi problemática existencial, a saber: “la existencia de interés en el receptor determina el resultado del acto propuesto”.
Ahora bien, la necesidad de la tenencia de un “bien” (cualquiera que este sea) está determinado por lo prescindible que éste sea para la obtención de un fin determinado, o sea, el logro de un objetivo existencial.
Donde el alcance que tiene este fin, se encuentra determinado por lo prescindible o imprescindible que sea, para el logro del fin propuesto, aquel “bien”. Pero, si bien es cierto lo dicho, también cabe la posibilidad que lo apropiado que sea a la función requerida el “bien” acogido no importe, sino que tan sólo se le dote de importancia –y baste con ello- que lo adquirido venga sólo a cubrir la necesidad de lo demandado.
Lo dicho anteriormente tiene mucha relación también, con la relevancia que ha tomado el uso social que apunta a que hoy sea más importante el parecer que el ser, adquiriendo una posición antagónica a la máxima aristotélica que proponía que las acciones no sólo deben ser correctas sino parecerlo.
Pero, de pronto, en el transcurso de mi proceso reflexivo surgió la clave dilucidante de la problemática referida, en el proceso de razonamiento en que me encontraba inmerso había hecho una omisión: “Interés” y “necesidad” constituyen la díada fundamental de la teoría económica clásica, interés y necesidad determinan la relación dialéctica que se produce entre la oferta y demanda. Ciertamente, y sumo esta insolvencia a mis debilidades, el no haber tomado conciencia a su debido momento, cuando todavía era posible, de la concomitancia de esa ley básica de la economía humana con mi conflicto existencial

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