
Tras retirarse con una sonrisa de picardía, el conserje acababa de cerrar la puerta después de dejar sobre la mesa un ramo de rosas, hortensias, alstroemerias, pirul y otras flores casi todas en tonos azulados.
Después de darle las gracias, no sin demostrarle en forma evidente su molestia por el poco atinado gesto de confianza, desde la distancia, junto al gran ventanal de la habitación, ella observo el arreglo floral. Le pareció que, al recortarse sobre la mate superficie de madera de la mesa y las puertas marrón de encina tras él, éste iluminaba la habitación.
Se acerco con cautela a él y cuidadosamente hurgo entre las flores hasta encontrar lo que buscaba. Con el pequeño sobre entre los dedos regreso junto al ventanal.
Mientras miraba al exterior y paseaba su melancólica mirada por el espejo de agua que sostenían las quietas barcas en la marina, tomo conciencia del silencio reinante. Parecía que se hubiese detenido el mundo, solo se escuchaba el laborioso ajetreo de una hembra Zorzal que entretejía, en el árbol bajo la ventana, una rama en su nido.
Sumida en sus pensamientos, extendió el recorrido de su mirada para quedar perdida en un punto lejano del horizonte brumoso; en tanto, con delicada ternura, sus dedos abrían el pequeño sobre y sacaban la nota que traía en su interior.
Acaricio con suavidad la tarjeta como tratando de percibir y descifrar con la yema de sus dedos lo escrito en ella. Entonces, se giro dándole la espalda al ventanal, como si su intensión fuera ocultar, de cualquier mirada desde el exterior, el contenido de la nota o la expresión de su rostro al leerla.
Levantó la pequeña nota hasta dejarla frente a sus ojos y leyó lo escrito. En ella, en tinta negra y temblorosa letra decía:”No solo soy un mal urdidor de vocales y consonantes, también soy persona”
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